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De Dios nada se puede afirmar, del Uno que todo lo trasciende, de aquel a quien no se puede ver ni nombrar. Pues se halla muy por encima de toda palabra, pensamiento o atributo que quisiera asignarle la razón. Sólo es posible conocerlo mediante la docta ignorancia o el saber no sabiendo propio de los místicos; sólo se lo puede hallar en la nube del desconocimiento. Si alguno, viendo a Dios, comprende lo que ve – afirma Dionisio Areopagita, quien tomó esta doctrina de los filósofos neoplatónicos – no es a Dios a quien ha visto, sino algo cognoscible de su entorno.

Él sobrepasa todo ser y conocer.

Pues Dios es inaccesible, inefable, indescriptible, inconmensurable, infinito. Dios es, pues, lo del todo distinto, lo Otro. En relación con el ser de las cosas del espacio y del tiempo , de los entes accesibles a nuestros sentidos y a nuestra inteligencia, Dios es la Nada. La idea es…