Excelente artículo. Lo subjetivo es real, y lo objetivo imaginario

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Excelente artículo de Manuel de la Herrán Gascón; lo he disfrutado con grata satisfacción , cómo se disfruta algo que respetamos y valoramos, al mismo tiempo que agradecemos. Lo encontré en “red científica”, página que recomiendo por su abundancia de escritos de gran calidad y creatividad.

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Lo subjetivo es real, y lo objetivo imaginario      

 

Es curiosa la popular asociación entre objetivo con real y subjetivo con imaginario. Se habla de “hechos objetivos” y de “experiencias subjetivas”. Parece como si los hechos, objetivos, fueran reales, sólidos, probados; y en cambio las experiencias, subjetivas, sujetas a duda, cuando no imaginarias o distorsionadas.

El criterio popular, de igual forma, parte de la existencia del hecho objetivo como generador de la experiencia subjetiva. Por ejemplo: ahí hay un árbol (hecho objetivo) y por eso, yo, que miro en esa dirección, veo un árbol (experiencia subjetiva).

Parece lógico. Si veo un árbol, será porque existe un árbol que ver. El árbol existe, es sólido, objetivo, y en cambio mi humilde percepción es defectuosa, subjetiva, sujeta a duda.

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Las cualidades de los términos Objetivo y Subjetivo son contrarias a lo que la gente cree

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En mi opinión, el proceso es el inverso y las cualidades las opuestas: la experiencia subjetiva (veo un árbol) nos provoca la creación de una hipótesis: (ahí hay un árbol).

El hecho subjetivo no necesita de prueba. El hecho subjetivo es parte del propio “yo”. En realidad, el hecho subjetivo es el propio yo, es la propia subjetividad. La propia existencia solipsista no requiere de demostración.

El hecho objetivo, por el contrario, es realmente difícil de probar o demostrar completamente, sin ningún tipo de dudas. De hecho es realmente difícil llegar a acuerdos completos sobre cosa alguna. Aunque sí llegamos a aproximaciones de consensos sumamente útiles. Sin llegar a la verdad, tenemos certezas o explicaciones más posibles, que son el fundamento del conocimiento científico.

Resumiendo, no tiene sentido poner en duda que yo veo un árbol, aunque sí hay ciertas dudas acerca de si ahí hay un árbol. Expresado de otra forma: Yo veo un árbol, vete a saber si ahí hay un árbol, yo sólo se que veo un árbol [ Nota 3 ].

¿Por qué el criterio popular asocia objetivo con real y subjetivo con imaginario? El origen de esta confusión de términos lo podemos encontrar en la naturaleza social del hombre y en la aplicación de la inteligencia como herramienta de supervivencia.

Según el criterio popular, hablar de “hechos objetivos” no es hablar de “hechos ciertos”, sino hablar de “hechos reconocidos por todos”. Más correctamente, habría que hablar de “hechos reconocidos por casi todos”, ya que es muy difícil encontrar una sola cosa en la que todo el mundo esté de acuerdo. El hecho de que exista una “realidad” (objetiva) externa, reconocida por casi todos, es fundamental para la propia supervivencia, independientemente de hasta que punto dicha interpretación de la “realidad” externa sea realmente verdadera.

 

 

Los mundos de Karl Popper

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En su libro En busca de un mundo mejor, en el primero de sus artículos (El conocimiento y la configuración de la realidad) [ POP94 ], Popper habla de tres mundos. El mundo 1, el material; el mundo 2, el de la experiencia, y el mundo 3, el de los productos de la mente humana [ Nota 4 ].

Como comenta Popper, parece evidente que el mundo 1 es el creador del mundo 2. Sin duda el mundo 1 es el más “sólido”, por su naturaleza material. Pero en mi opinión no es el más real.

En mi opinión, aunque todo parece indicar que el mundo 1 provoca la creación del mundo 2, es el mundo 2 el lugar desde el cual podemos permitirnos suponer la existencia del mundo 1. Es decir, nuestra percepción, sensibilidad, subjetividad, yo, ego, o como queramos llamarlo, es lo que nos permite suponer la existencia del mundo material. Esta suposición acerca de la existencia del mundo material es útil para la supervivencia -del yo-, pero nos puede alejar de la propia subjetividad, nos puede alejar de la auténtica realidad, pudiendo llevarnos al extremo de creer a ciegas en el hipotético mundo material consensuado y olvidarnos totalmente de nosotros mismos.

Asignar realidad a los objetos materiales del mundo 1 está más que justificado por la cantidad de veces que nos chocamos con la materia. Pero a pesar de ser reales tanto el concepto “dinero” del mundo 3 como el papel que con el que este dinero está representado, y que es parte del mundo 1, el auténtico mundo real es el mundo 2, el de la subjetividad; en el ejemplo, el mundo de las sensaciones que nos produce el dinero o su falta de él. Esta idea no está tan extendida, y puede ser debido a que la omnipresencia de la subjetividad la convierte en invisible. Probablemente, las sensaciones recibidas cuando nos chocamos con los sentimientos son tan fuertes que no nos permiten reflexionar sobre ellas.

Para cada uno de nosotros, el (mundo) Único Real es la subjetividad, la experiencia sensible, la experiencia subjetiva. No podemos ponerla en duda, no implica una relación con otra cosa. Es. Si yo siento frío, no puedo poner en duda el hecho de que yo siento frío. Otra cosa distinta es que cuando yo sienta frío, la temperatura ambiente corresponda con aquella que comúnmente se considera fría. Si yo veo una vaca no puedo asegurar que eso sea una vaca, lo que es seguro es que a mi, en este momento, me parece una vaca [ Nota 6 ].

Personalmente puedo reconocer que tal vez exista una realidad objetiva: por ahora no tengo forma de saber si esto es cierto o no. Pero no puedo asumir que existan “puntos de vista objetivos”. Todos los puntos de vista son subjetivos. Todas las afirmaciones se dan en un contexto y cualquier creencia puede ser puesta en duda (paradójicamente, incluso esta misma afirmación). La única realidad sin duda es: “yo siento”, y es indudable, pero sólo para mí

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Cuando el árbol soy yo mismo

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Tan importante se considera el consenso en cuanto a la realidad exterior, que existen personas (científicos) dedicadas a establecer descripciones y explicaciones coherentes de este “exterior”, experimentando, demostrando y divulgando, estableciendo teorías que puedan convencer tanto a los hechos como a las personas. Primero se pone a prueba la teoría enfrentándola a los hechos materiales mediante una estructura lógica matemática. Con esto queda “demostrada” la teoría, y el siguiente paso es enfrentarla al criterio de los seres humanos, “divulgarla” y convencer. Frecuentemente las personas son mucho más difíciles de “convencer” que los “hechos” materiales y los teoremas previos.

Sin duda el método es útil y cada vez que se aplica todo parece confirmar una y otra vez que la realidad (material) que nos rodea es una (o al menos se comporta como tal) y que todas las diferencias en su interpretación son debidas a incoherencias de los observadores, es decir, de nosotros mismos, y no de la “realidad exterior”. Esto funciona bien con cosas materiales, con cosas ajenas a uno mismo, pero no con uno mismo. Cuanto más nos acercamos a lo más íntimo de uno mismo, desde el cuerpo, el cerebro y la mente, pasando por la personalidad psicológica y los sentimientos hasta el yo subjetivo, tanto menos útil es el método científico, y en cambio más útil es la atención consciente y serena sobre uno mismo.

Suponer que uno mismo es un objeto externo observable y medible científicamente, es ignorar la cualidad esencial de la auto-observación. Digamos que hay dos formas de auto-observarse, una es entendiendo el yo como un hecho objetivo y otra es entendiendo el yo como un hecho subjetivo. Nuestra costumbre objetivista, totalmente razonable, útil e inteligente, nos puede hacer olvidar la radicalmente distinta y poderosa cualidad de la subjetividad. No es necesario poner en duda la subjetividad como ocurre con lo objetivo. La subjetividad siempre es verdadera.

Dicho de otra forma: auto-observarse suponiendo que uno mismo es algo ajeno a uno mismo es una forma un tanto extraña de auto-observarse.

Al igual que las personas perciben objetos y colores de forma diferente, la auto-percepción es muy susceptible de error. Por ejemplo, uno cree ser de una forma cuando los demás le observan de otra. Una persona puede engañarse a si misma acerca de sus defectos o virtudes. Por tanto, una persona puede engañarse a si misma en cuanto a la propia naturaleza de si misma. De igual forma, es realmente complicado acertar a la hora de establecer juicios sobre los otros. A la ciencia le resulta complicado establecer si alguien es egoísta, compasivo o celoso. El hecho subjetivo del yo nos indica que el yo existe. Pero no nos habla de cómo es ese yo. Nuestra percepción de ese yo puede ser totalmente incorrecta. Si simplemente analizamos el yo buscando un hecho objetivo, no podremos salir nunca de esta falta de seguridad acerca de la auténtica naturaleza del yo. Pero como el yo auténtico no es susceptible de duda, el yo psicológico, el yo como personalidad no es el auténtico yo.

¿Cómo reconocer el auténtico yo subjetivo? Para conseguirlo es necesario desprenderse del “yo objetivo” para poder observarlo y dejar sólo el “yo subjetivo”. Efectivamente, todo esto es algo muy confuso. Por decirlo de otra forma: el yo (auténtico) es el yo subjetivo. Pero el yo subjetivo es algo muy extraño, y no incluye la propia personalidad, aunque se encuentre cercano a ella.

Cuando los místicos, o quienes interpretan sus palabras, intentan transmitir sus métodos para centrar la atención en el yo subjetivo (o en la conciencia, o en Dios), hablan de “reducir el yo a su mínima expresión” o de “ampliar el yo hasta abarcar todo lo existente”. A pesar de la contradicción entre ambas ideas, indican la misma cosa. Podremos saber quienes somos -subjetivamente- cuando dejemos de serlo -objetivamente-. Podremos saber quienes somos cuando deshojemos el “yo” de todos sus atributos salvo la propia experiencia subjetiva. Al hacerlo, todas las subjetividades se convierten en Uno. En brotes de una misma cosa. En ese punto no se pueden establecer diferencias entre “yo” y “todo”, experimentando algo que podemos llamar Unidad, Tao, Amor o Dios.

El decir que todas las subjetividades son en definitiva Una es sin duda una conclusión precipitada para este texto, basado en argumentos intelectuales. Lo íntimo de las sensaciones como el placer y el dolor son un buen argumento en contra. Si los demás no sienten lo mismo que siento yo ¿cómo se puede argumentar que en última instancia unos y otros somos lo mismo? Sin embargo, podemos encontrar un nivel de “yo” aún más profundo que el nivel de sentimientos específicos, que es el nivel de “yo” de la propia existencia (de algo, por ejemplo, la existencia de unos sentimientos concretos).

Tautológicamente, todas las entidades sensibles tenemos en común nuestra sensibilidad. Desde este planteamiento, todo el universo es sensibilidad, subjetividad pura, y cada uno de nosotros participa en ella en cierta forma con su propia sensibilidad.

Cuando digo “todo el universo es sensibilidad, subjetividad pura” me refiero al universo Real, es decir, al universo de las subjetividades, al único real, al único existente. No sabemos nada de la materia. Hablamos de ella, pero es algo totalmente ajeno a nosotros. Nosotros sólo sabemos de subjetividad, de sentimientos, de sensaciones. Este es nuestro universo, y para nosotros, el único.

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Lo subjetivo y lo presente

 

Lo subjetivo es presente. Lo objetivo es pasado y futuro. Una forma muy basta de experimentar consciencia de la subjetividad, y que es análoga a “matar moscas a cañonazos” (las moscas me perdonen por la desafortunada expresión), podría ser, para quien pueda hacerlo, olvidar pasado y futuro, viviendo en un “ahora” cuya duración sea la menor posible: por ejemplo, mejor un segundo que dos; mejor un día que un año. Si sólo recordáramos lo que hemos hecho en los últimos diez minutos y sólo fuéramos capaces de prever los siguientes diez, viviríamos una realidad más subjetiva que si lo hiciéramos en una “ventana temporal” de diez años.

Sin embargo, esta forma de subjetividad es poco práctica: no facilita la supervivencia, no aprovecha la memoria como aprendizaje de lo pasado, ni la inteligencia para prever el futuro. Para colmo, esta forma bruta de subjetividad se puede conseguir sufriendo el efecto de ciertas enfermedades y drogas, y su atractivo es por lo general, engañoso, peligroso y nada recomendable.

La forma adecuada de experimentar la consciencia de la subjetividad viviendo el presente, tal vez consista, no en olvidar el pasado e ignorar el futuro, sino en desconectarlos de la consciencia de la realidad; en tachar en ellos la etiqueta de “real”. Se trataría de ser conscientes de presente, pasado y futuro, pero asignando realidad únicamente al presente. Algo parecido parece que ocurre al soñar, ya que en los sueños la experiencia subjetiva soñada presente es real, pero el resto se difumina en una niebla de incoherencia: no se pierde el recuerdo y la experiencia de lo soñado pasado, ni la capacidad de prever mediante la lógica el futuro, pero se mantiene la atención consciente en el presente.

 

Manuel de la Herrán Gascón


http://redcientifica.com/autores…

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2 comentarios to “Excelente artículo. Lo subjetivo es real, y lo objetivo imaginario”

  1. Toni Says:

    Pues sí, me ha parecido también un excelente artículo. ¡Saludos!

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  2. JjzZ Says:

    ..muy bueno. -:)

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